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  • Foto del escritorOroyelix Lozada

Emprender no es para todos

En la cuarentena me dediqué a leer y cuestionar. Confirmé, desde ese entonces, que escribir me gusta tanto como haber emprendido.


Decidí escribir sobre lo que ha sido emprender, no como una verdad absoluta sino es parte de mi camino recorrido.


Emprender no es para todos. Quizás estés en desacuerdo con tal afirmación.

Emprender no es para todos porque la vida, como bien repetía mi papá cada tanto, “la vida no es soplar y hacer botella”.


Solía pensar en que cualquiera que se animase a emprender podía lograrlo.


Repito: emprender no es para todos.

Nos gusta hablar de éxito, conquistas y lo que logramos. Poco se habla de los fracasos y nos asalta la duda de compartir cuándo las cosas han salido mal. ¿Qué sentido tendría exponerse a tal vergüenza?


Tiene todo el sentido vulnerarse, por eso creé este blog. Creo que debemos permitirnos hablar de lo que no salió tan bien como esperábamos. Por eso me he planteado narrar lo que fue, es y será Tequeños La Rambla (TLR) como una idea que se convirtió en un modelo de negocio y hasta en una nueva forma de vivir.


Tener un motivo -para emprender- no te hace emprendedor. Migré a Uruguay en el año 2016. El motivo de fundar Tequeños La Rambla fue que no conseguía empleo. Seis meses de búsqueda continua sin resultados, con una licenciatura en periodismo y diplomado en marketing digital a cuestas. Con ganas de dar lo mejor de mí a alguna empresa que me brindara la oportunidad. ¿Tenía motivos para emprender? ¡Sí!


Necesitaba conseguir ingresos para mantener la independencia con la que soñaba al irme de Venezuela. Quería ocupar mis días y hacer algo, en lugar de esperar una llamada de alguien que estudiaría mi perfil y decidiría si confiar en lo que sabía hacer.

Quería desenamorarme del trabajo y estar descontenta con la empresa a los seis meses, tener que cumplir horarios estrictos, trabajar todo un año para apenas 15 días de vacaciones. Todos eso a veces son, para algunos, motivos para emprender y Fernando Trias de Bes los llama “motivos lamentables”. Adjetivo que suscribo.


¿Por qué? Porque emprender va más allá de que te muevan motivos colaterales o circunstancias económicas complejas. Sí, tuve urgencia económica, pero empezar a darle forma a la idea no significaba que me iba a salvar. Al contrario, significó invertir tiempo, dinero y energía en el rubro gastronómico que desconocía.


Así me fui enamorando del mundo complejo e incierto que significa emprender. Nacieron ilusiones y motivaciones por encima de esta ajena “idea de negocio”. ¿Por qué ajena? Porque no fue una idea que nació de mí, ni de mis socias.


Los primeros meses de haber arrancado, en julio de 2016, yo no entendía que lo que estaba haciendo era emprender. Para mí se trataba muy llanamente de hacer tequeños como un medio para ganar dinero. No era algo de lo que me sintiera orgullosa. Si bien era un trabajo y el trabajo dignifica, no me sentía del todo afín con lo que hacía.


No sabría identificar en la línea de tiempo en qué momento hubo un cambio de perspectiva; de entender que esto era más que simplemente amasar, enrollar y freír. Fue un giro que ha hecho que TLR esté en crecimiento y sumando mentes colaboradoras en pro de su crecimiento.


Ni tener una idea, ni tener motivos para emprender te convierte en un emprendedor. Lo cumbre de emprender es que no existen garantías. Poner tu idea en funcionamiento te va a exigir más que “hacer” lo que en un principio hiciste y te pareció fácil. Esa puesta en acción se va complicando y eso implica adaptarte, ser flexible y pensar cada minuto cómo resolver de la mejor manera cada situación compleja.


Tener un motivo es irrelevante. Tener una idea es banal.


Idear un plan de acción para poner en funcionamiento la idea es ganancia. Mantenerte a flote, con ahínco, motivado y sobre todo con la firme ilusión bajo un contexto de absoluta incertidumbre es lo que hará la diferencia.


Cuando entendí que la idea estaba funcionando, también cambió la lectura del entorno: la importancia de la migración venezolana para introducir en el mercado uruguayo un producto prácticamente desconocido, el concepto de la marca, la emoción que existe detrás de la elaboración de tequeños; la creación de un concepto y un sentimiento.


PAUSA. Aprovecho para invitarte a escuchar episodio del podcast que guarda relación con este tema del que te hablo:



A partir de ahí se creó una ilusión que se alimentaba con la imaginación y que por cada problema que se presentaba, tenía la motivación necesaria para ajustar y afrontar los imprevistos.


Me permito contarte el primer episodio casi trágico, quizá finalizando el año 2016. Cuando empecé compraba medio kilo de queso para tener una bandeja hecha por si acaso. Un día fui a la fiambrería de siempre y el señor me dice:

—No habrá más queso, el señor vendió sus vacas.


Sentí que todo había acabado. La derrota me acompañó de regreso a casa sin queso, ni harina. No sabía qué hacer, ni con quién hablar porque ese queso tenía lo que una oferta tremenda de quesos uruguayos normalmente no tenían: sal. Sí, sal. Era gustoso y tenía sal. En el paisito era casi una misión imposible, para ese año (2016), conseguir el queso ideal para los tequeños.


El beneficio de contar tus desgracias a tus amigos es que se compadecen y hasta incluso pueden toparse de manera fortuita en una feria con un queso ideal para tu producto. Como en efecto así pasó.

Una vez que hicimos las pruebas con este queso, el motor y la ilusión se hicieron aún más fuertes. Este descubrimiento era de otro nivel: ¡era queso blanco venezolano! Un nuevo plus para la marca. Sello venezolano, sabor venezolano. Ventaja competitiva a la vista de todos, pero, ¿ahora cómo se le explicaría a un uruguayo qué era el “queso blanco venezolano”?


La actividad emprendedora tiene una característica muy de sí y es que la acompaña lo incierto. Es en ese entorno en donde nos movemos. Solo la ilusión infinita, el sueño de ver esas ideas andando en el plano real son las que impulsan la creatividad, el hacer, inventar e innovar pese a esa incertidumbre reinante.


El verdadero emprendedor es aquel a quien lo incierto procura un especial placer” lo define Trias de Bes en su libro.


Entonces, para resumirte:

¿Tener motivos para emprender define serlo? No.

¿Tener una idea de negocio? Tampoco.

Ahora, quiero leerte y te pregunto, ¿qué crees que define a un emprendedor? ¿Cuáles son esas características?

Te leo en los comentarios, por correo o por Instagram. Por donde tu quieras, quiero conocer tu opinión.

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