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  • Foto del escritorOroyelix Lozada

¿Por qué escribir me salvó?

Las cabezas son lugares bastante caóticos, ¿no te parece?


La respuesta a la pregunta por qué escribo o por qué hago journaling es muy simple: escribo por el mero placer de escribir.


También porque mis propias letras me salvaron. Me ayudaron a descubrir que no estaba siendo congruente, la racionalidad me llevó a desconocerme y mi propia narrativa me abrió los ojos, me dió la claridad para agarrarme y huir de allá y volver a mí, a ese lugar seguro que puedo ser y brindarme.


Escribir es un espacio que destino para estar conmigo y darle atención a la voz de mi autoridad. Cuando escribo se expresa mi voz interna, es la que habla después de filtrar lo que absorbo del mundo y lo que percibe mi sistema nervioso. Esa voz desnuda es una amplia conocedora sobre lo que sí y lo que no, burla el pensamiento racional. En otras palabras, quizá más llanas, escribir es ponerle subtítulos a esa voz de autoridad; queda un registro, inmortalizado, se aviva la evidencia de que todo lo sabe y nada lo inventa.


Si de algo estoy convencida es que muy dentro de nosotros sabemos todo. Solo que nos hacemos los boludos, como dirían aquí en el sur. Dejamos que la racionalidad haga su trabajo y gane terreno. O nos da miedo actuar en consecuencia porque cuesta asumir las consecuencias, nunca es barato.


La narrativa es para enseñarnos y a mí me ha salvado. Escribir no solo sana sino también salva.


No necesitamos “algo” para decir, lo único que necesitamos es una imagen, una historia, un sentimiento, un recuerdo, una excusa para pasar tiempo contigo y tus palabras.


Escribo también para ordenarme porque escribir es un medio bidimensional, lineal. Escribes una palabra detrás de otra. Así como leemos una palabra detrás de otra. Esto ayuda a organizar las ideas del argumento y en nuestra cabeza pasan tantas cosas que podemos vaciar letra por letra para calmar el vocerío.


Hacerlo a mano permite que podamos bajarle la velocidad aún más al ritmo a esa conmoción interna y caótica que a veces reina en los pasillos.


Escribir es una herramienta primitiva y poderosa. Somos seres narrativos desde que el mundo es mundo.


Te invito a escribir donde quieras para manifestar, decretar o registrar tus sentipensares.


La escritura, la palabra, tiene poder. Antecede a la acción y educa. Trasciende y deja un legado.

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